Enriquecimiento en el ámbito Artístico. Ana Martín Méndez (Coordinadora CREACIM)

1. Introducción: Fundamentación teórica

¿Cómo puedo diseñar una propuesta flexible, significativa y retadora que parta de los intereses del alumnado, potencie sus capacidades y les invite a pensar, crear y compartir desde la autenticidad?

Como fundamentación teórica podemos encontrar referencias de la práctica artística y la creatividad como elemento clave en el desarrollo cognitivo en diferentes autores ampliamente mencionados en este curso, como son David Kolb con su Teoría del Aprendizaje Experiencial o John Dewey. No obstante, en este apartado nos centraremos en la teoría desarrollada por Howard Gardner en 1983. 

La educación artística ha sido históricamente subvalorada en los sistemas educativos tradicionales, los cuales han privilegiado las habilidades lógico-matemáticas y lingüísticas como indicadores predominantes del rendimiento académico.

Sin embargo, la Teoría de las Inteligencias Múltiples de Gardner ofrece un marco conceptual que permite revalorizar el arte como un espacio de aprendizaje y desarrollo cognitivo. 

Gardner sostiene que la inteligencia no es una capacidad única y homogénea, sino un conjunto de potencialidades distintas que se manifiestan de manera diversa en cada individuo. En su propuesta original, identifica al menos ocho tipos de inteligencia, de las cuales varias tienen una relación directa con la práctica artística: la inteligencia musical, la inteligencia corporal-kinestésica, la inteligencia espacial, la inteligencia interpersonal y la inteligencia intrapersonal. 

La inteligencia musical se potencia mediante la práctica instrumental, el canto, la composición y la apreciación estética del sonido.

Por su parte, la inteligencia corporal-kinestésica sería fundamental en disciplinas como la danza, el teatro y la escultura.

La inteligencia espacial es esencial en actividades como la pintura, el diseño gráfico y la arquitectura. 

Asimismo, la inteligencia inter e intrapersonal son relevantes en el ámbito artístico al facilitar la interacción social, la empatía y el autoconocimiento. El arte, en este sentido, se convierte en un vehículo para la exploración emocional, la construcción de identidad y el desarrollo de habilidades comunicativas. 

Desde una perspectiva pedagógica, la aplicación de esta teoría en el contexto artístico permite diseñar currículos más inclusivos y personalizados, que reconozcan y valoren la diversidad de talentos que tenemos en el aula.

El arte, entonces, no solo enriquece el aprendizaje, sino que también contribuye al desarrollo integral del estudiante, fomentando la creatividad, la sensibilidad estética y la capacidad de reflexión. 

La práctica artística no es una actividad periférica, sino una dimensión esencial del desarrollo humano. Integrar esta perspectiva en la práctica docente implica transformar la educación en un espacio más equitativo, significativo y humano.