¿Qué entendemos por inclusión educativa?

Sitio: Aula Virtual de Formación en línea (CRIF Las Acacias)
Curso: Haz tu aula inclusiva con DUAA: Diseño Universal de Aprendizajes Accesibles
Libro: ¿Qué entendemos por inclusión educativa?
Imprimido por: Invitado
Día: sábado, 25 de septiembre de 2021, 12:16

1. ¿Qué entendemos por inclusión?

El concepto de inclusión educativa es muy amplio y abarca diversas cuestiones. Con frecuencia, se asocia únicamente a la atención educativa del alumnado con discapacidad. Por otra parte, el término “inclusión” se está utilizando masivamente, por parte de medios de comunicación y campañas de marketing, provocando que se desdibuje su significado.

Por todo ello, antes de profundizar en este tema conviene compartir una definición que nos sirva de marco de referencia. La que cuenta con un amplio consenso es la que dio la UNESCO (2005)1 que define la inclusión como un proceso orientado a responder a la diversidad de los estudiantes incrementando su participación y reduciendo la exclusión en y desde la educación. Está relacionada con la presencia, la participación y los logros de todo el alumnado, con especial énfasis en aquel que, por diferentes razones, está en situación de mayor vulnerabilidad y cobra una especial importancia la detección y eliminación de barreras.

Asumir el principio de inclusión educativa y la educación para todas y para todos hace necesario volver a conceptualizar y definir el todas y el todos, ejercicio que implica poner el foco de atención no solo sobre el ámbito de la discapacidad, sino sobre todo el alumnado, y en especial sobre las personas y colectivos que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad y en riesgo de exclusión educativa y social por razón de origen, etnia, lengua, situación económica y social, orientación sexual, identidad de género o características sexuales, capacidad y competencia, en situación de desvalorización, desconsideración, discriminación o violencia, o todas aquellas personas que por causas emocionales, funcionales, de convivencia y participación, en interacción con su contexto educativo, pueden estar sometidas a presiones excluyentes o que encuentran barreras en el acceso, la presencia, la participación y el aprendizaje en los centros escolares.

Compartimos tres ideas fundamentales cuando hablamos de inclusión:

  • La primera de ellas es que cada alumno y alumna es único y diferente. No hay dos categorías de alumnado. No podemos considerar que hay un alumnado diverso y otro categorizado como normal. Atendiendo las distintas y variadas fuentes de diversidad, podemos concluir que no sirven las respuestas educativas homogéneas.
  • La segunda es que todo nuestro alumnado, en algún momento de su escolarización, puede requerir apoyos en diferente nivel, amplitud, intensidad y duración, por lo que la escuela debe planificar una respuesta educativa desde el inicio.
  • Y finalmente, la idea de que no es tanto el alumnado el que tiene una discapacidad o un problema, sino que existen entornos que podríamos llamar discapacitantes, que son los que presentan barreras para su presencia, participación y/o aprendizaje.

¿Qué es la inclusión?

En primer lugar, señalar que un error frecuente es considerar la educación inclusiva como sinónimo de integración. Hay matices que diferencian a ambos conceptos.

La integración acepta la diferencia, la reconoce, pero se centra en el déficit, la deficiencia o el discapacidad, por tanto habla de necesidades educativas y plantea una respuesta educativa que es diferenciadora. Diferenciadora en tanto que el alumno o alumna sale del aula ordinaria para recibir una atención individualizada en función de su discapacidad, con un curriculum que se aleja significativamente del ordinario.

En cambio, una escuela inclusiva acoge la diferencia y aprende de ella, focalizando la atención en las capacidades de todo el alumnado y potenciándolas, mediante la eliminación de barreras que impiden que todos los alumnos puedan aprender. En este sentido la respuesta educativa es inclusiva y por tanto el alumno y la alumna están presentes en el aula ordinaria, participando y aprendiendo junto a sus iguales.

Elementos principales:

Como hemos visto en la definición, cuatro son los elementos clave que aparecen con fuerza en la conceptualización de la inclusión (UNESCO, 2005, p.15)2 :

  1. La inclusión es un proceso
  2. Se deben garantizar tres condiciones: la presencia, la participación y el aprendizaje de todo el alumnado.
  3. La escuela inclusiva es especialmente sensible a las situaciones de riesgo de exclusión y actúa de manera especial con el alumnado más vulnerable.
  4. Cobra especial importancia la identificación y eliminación de barreras.

En el siguiente capítulo veremos con detenimiento cada uno de ellos:

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1y 2UNESCO (2005). Guidelines for inclusion: Ensuring Access to Education for All. Paris: UNESCO.

2. Elementos principales

1. LA INCLUSIÓN ES UN PROCESO

¿De qué hablamos cuando decimos que la inclusión es un proceso?

  • No es espontáneo: la educación inclusiva se construye poco a poco, con cada paso que vayamos dando. 
  • No surge de repente sino que se inicia con actuaciones consensuadas.
  • No es la suma de acciones puntuales sino el conjunto de acciones interrelacionadas y en coordinación.
  • Requiere planificación: pensar cómo vamos a movilizar los recursos de los que disponemos en el centro.
  • Es sistémico: todas las piezas son fundamentales y funcionan si están conectadas entre sí, si hay un trabajo en equipo
  • Además, es esencial la participación: desde el profesor hasta el alumno, las familias y el entorno.
  • Y debemos entenderla desde el paradigma investigación-acción. Es decir, es un proceso que nunca acaba, que está en continua revisión y requiere reflexión continuada.

2. CONDICIONES: PRESENCIA, PARTICIPACIÓN Y APRENDIZAJE

Presencia: significa que todo el alumnado tiene asegurada una educación de calidad y el acceso a la escuela y al currículum, es decir, en la medida de lo posible, no sale nadie del aula y no excluimos ni segregamos.

Ahora bien, teniendo a todo el alumnado en el aula debemos pensar si todos participan en las tareas que allí se llevan a cabo y en qué medida es una participación real. Por lo tanto, debemos garantizar que todo el alumnado tenga oportunidades de participar en todas las experiencias de aprendizaje que ofrece la escuela, convivir y sentirse perteneciente a la comunidad educativa.

Finalmente, si el alumno permanece en el aula y participa, hemos de preguntarnos si podemos garantizar el aprendizaje de todos, si hemos planificado actividades que todos puedan resolver, en las que todos puedan progresar y desarrollar al máximo sus capacidades. Es decir, hemos de garantizar que todo el alumnado alcanza el mejor rendimiento que sea posible considerando sus necesidades, características e intereses.

3. SITUACIONES DE RIESGO

El tercer elemento que fundamenta una educación inclusiva, es el que hace referencia a las situaciones de riesgo, es decir, la escuela inclusiva se caracteriza por ser especialmente sensible a las situaciones de riesgo de exclusión educativa y social y por tanto, actúa de manera preferente con el alumnado más vulnerable.

No podemos centrarnos solo en las situaciones de riesgo de exclusión más evidentes ya que “el grupo de alumnos sometido a presiones excluyentes es enorme (por bajo rendimiento o fracaso escolar, por razones de salud o por razones de origen, género, clase social, orientación sexual, etc.) y, porque, en último término, todos los alumnos sin excepción, en un momento u otro, pueden llegar a vivir situaciones de exclusión” (Echeita, 2014)1 . Esta invisibilidad de algunos procesos de exclusión limita las oportunidades del alumnado.

4. IDENTIFICACIÓN DE BARRERAS

Y por último, el cuarto elemento hace referencia al concepto de barreras. Barreras que hay en el contexto y que influyen negativamente en el desarrollo de las potencialidades de cada alumno y alumna, independientemente de sus características.

Las barreras pueden encontrarse en tres dimensiones:

  • Culturas: Dimensión orientada hacia la creación de una comunidad escolar segura, acogedora, colaboradora y estimulante en la que cada uno es valorado, como fundamento primordial para que todo el alumnado tenga mayores niveles de logro.
  • Pretende desarrollar valores inclusivos, compartidos por todo el profesorado, los estudiantes, los miembros del consejo escolar y las familias, de forma que se transmitan a todos los nuevos miembros de la comunidad escolar.

  • Políticas: Pretende asegurar que la inclusión esté en el corazón del proceso de innovación, empapando todas las políticas, para que mejore el aprendizaje y la participación de todos los estudiantes.
  • En este contexto se considera que “apoyo” son todas aquellas actividades que aumentan la capacidad de un centro educativo para atender a la diversidad del alumnado.
    Todas las modalidades de apoyo se reúnen dentro de un único marco y se perciben desde

  • Prácticas: Intenta asegurar que las actividades en el aula y las actividades extraescolares motiven la participación de todo el alumnado y tengan en cuenta el conocimiento y la experiencia de los estudiantes fuera del entorno escolar.
  • La docencia y los apoyos se integran para orquestar el aprendizaje de forma que se superen las barreras para el aprendizaje y la participación.
    El profesorado moviliza recursos del centro educativo y de las comunidades locales para mantener el aprendizaje activo de todos.

    Para evaluar las barreras que en estas dimensiones podemos encontrar en nuestros centros, puede resultar útil el Index for Inclusion. Ofrece una serie de preguntas para la reflexión que nos ayudan en el análisis de cada indicador promoviendo el debate sobre las diversas ideas que presenta, con el objetivo de identificar áreas de mejora sobre las que diseñar un plan de trabajo.

También os recomendamos esta lectura complementaria: Pasos para la inclusión en las escuelas

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    1Echeita, G. (2014). Educación para la inclusión o educación sin exclusiones. Madrid: Narcea (3ed)

3. Marco conceptual del modelo que se presenta en el curso


Duración: 4 minutos y 58 segundos


Sabemos que nuestro alumnado es diverso, es diverso en su forma de aprender y de expresar lo que sabe, en sus intereses, sus motivaciones, sus conocimientos previos o en su forma de relacionarse con los demás y también en cuanto a sus circunstancias escolares, personales, familiares, sociales, por citar algunas de las muchas dimensiones de la diversidad. Esta diversidad enriquece nuestras aulas, pero también constituye un reto permanente para el profesorado ya que requiere un ajuste continuo de las propuestas metodológicas y organizativas a lo largo del proceso educativo.

Si nuestra sociedad es cada vez más plural y compleja, nuestras aulas, que son un reflejo de ella, son cada vez más heterogéneas.

La normalidad no existe, la diversidad es lo normal. La educación equitativa y de calidad es la que ofrece la mejor respuesta educativa a la diversidad de su alumnado y esta respuesta no puede ser la misma para cada uno de ellos y ellas. ¿Eso quiere decir que hemos de diseñar propuestas diferentes e individualizadas para un gran número de nuestro alumnado? Tampoco, aunque sea lo que más hemos hecho hasta ahora. Cuando detectábamos una necesidad proponíamos una medida diferente e individualizada, con lo que esto supone de esfuerzo para el profesorado y de desconexión del alumnado que hace una cosa mientras que sus compañeros y compañeras hacen otras.

Las expectativas y necesidades de nuestro alumnado van cambiando al ritmo que lo hace la sociedad del conocimiento, mucho más compleja, especialmente a nivel cognitivo y emocional. Por ello, entre las habilidades necesarias para el aprendizaje en el siglo XXI los expertos destacan las “4C”: colaboración, comunicación, creatividad y pensamiento crítico.

¿Y si encontráramos una manera de enfocar el proceso de enseñanza y aprendizaje suficientemente flexible como para que se adecue a las necesidades de la mayoría de nuestro alumnado? Las investigaciones y estudios nos han dado muchas pistas para avanzar por este camino.

Estas ideas llegan por una parte de la arquitectura y el diseño universal que propone una serie de principios para conseguir entornos y objetos que pueden ser utilizados por cualquier persona, independientemente de sus condiciones, sin necesidad de ser adaptados posteriormente. Estos principios han promovido diversos modelos que los han incorporado a la práctica educativa, el más conocido es el diseño universal para el aprendizaje o DUA, pero también hay otros enfoques basados en esta idea de crear contextos de aprendizaje que den respuesta a la diversidad del alumnado ofreciendo una variedad de opciones para el aprendizaje y la evaluación. El diseño universal, en todas sus versiones, tiene como objetivo eliminar o disminuir al máximo las barreras que frenan la participación y el aprendizaje del alumnado creando contextos de aprendizaje accesibles. De forma que todos los estudiantes, sean cuales sean sus particularidades, puedan acceder en igualdad de oportunidades a un currículum común sin la necesidad de realizar adaptaciones individuales logrando de esta manera una educación más inclusiva.

Junto con las ideas de accesibilidad y de diseño universal nos encontramos con el potencial que ofrecen las tecnologías de la información y la comunicación. En el diseño de actividades, como vehículo de aprendizaje, como facilitadora de acceso a múltiples contenidos o como herramienta de apoyo, las tecnologías son un recurso ineludible en cualquier aula de nuestros días. Sin embargo, se trata de un elemento generalmente complejo en su uso que requiere una evaluación cuidadosa para que no se convierta en una barrera, que a nuestro alumnado le encante las redes sociales no quiere decir que no vaya a tener alguna dificultad utilizando las tecnologías para aprender.

Las teorías que abordan las dificultades de aprendizaje desde una perspectiva proactiva, frente a las que lo hacen partiendo del fracaso escolar del alumnado, apuntan a que la manera que se ha mostrado más eficaz es la que promueve un contexto donde los estudiantes pueden recibir diferentes opciones para el aprendizaje, incluyendo opciones variadas en el acceso, en el procesamiento y que, además, utiliza distintos agrupamientos junto con trabajo individual así como diferentes niveles de dificultad o diversas maneras para que los estudiantes demuestren tanto lo que saben como lo que pueden hacer, de forma que maximicen sus oportunidades de éxito, cuando aprenden en la escuela.

Desde la neurociencia, la psicología y la pedagogía se han recogido evidencias que nos muestran cómo aprendemos mejor. Desde la psicología cognitiva tomamos como referencia el procesamiento de la información, junto con las teorías humanistas relacionadas con la motivación y la personalidad. La revisión de estas aproximaciones teóricas nos ha servido de base para el diseño de una herramienta eminentemente práctica que pretende guiar en el diseño de tareas o actividades que cumplan con los principios del diseño universal, es decir, garantizar la accesibilidad a los aprendizajes.

4. Para saber más...

Os recomendamos esta lectura complementaria: Pasos para la inclusión en las escuelas


Y esta bibliografía para saber más: