2. Introducción

El estudio del alumnado con altas capacidades intelectuales ha evolucionado significativamente en las últimas décadas.

Durante mucho tiempo, se consideró a este alumnado únicamente en términos de cociente intelectual elevado (Terman, 1925).

Sin embargo, enfoques contemporáneos resaltan la complejidad del talento, que involucra no solo habilidades cognitivas superiores, sino también creatividad, motivación, rasgos de personalidad y factores contextuales (Renzulli, 2012; Gagné, 2004; Sternberg, 2018).

En el ámbito educativo, el reto consiste en ofrecer experiencias de aprendizaje ajustadas a la diversidad de perfiles, evitando tanto el desaprovechamiento del potencial como las dificultades socioemocionales derivadas de la falta de comprensión de sus necesidades (Neihart, Pfeiffer & Cross, 2016).

La literatura muestra que estos estudiantes, cuando no son identificados ni atendidos adecuadamente, pueden experimentar desmotivación, bajo rendimiento académico e incluso abandono escolar (Reis & McCoach, 2002).